Se suele oír decir o se dice: “No puedo más, me he quedado sin fuerzas”, “Me duelen las piernas”, “Me dan calambres”… En general, se trata de fatiga o lo que es lo mismo una disminución del rendimiento sobrevenida.

La fatiga puede ser de varios tipos, según sus causas:

- La Fatiga “energética”, sin duda, la más habitual, sobreviene después de pedalear durante 2 ó 3 horas a buen ritmo (Llegamos a una subida y vemos que no somos capaces de subirla al 100%). Estamos ante un caso de falta de energía: poco a poco, hemos ido consumiendo el glucógeno muscular, necesario para que el músculo funcione a tope. No obstante, si nos preocupamos de ir ingiriendo hidratos de carbono (en forma líquida o sólida) estaremos proporcionando al músculo algo más de combustible, permitiéndole trabajar al 80 o al 90%.

- La Fatiga “por deshidratación”, es la más conocida o popular de todas y, está relacionada con la pérdida de agua y sales minerales (electrolitos) que se produce cuando se monta en bici, acentuándose en situaciones de calor. Si no se repone el agua perdida, disminuirá la cantidad de oxígeno que circula por la sangre. Esto hará que los músculos no puedan recibir todo el oxígeno y los nutrientes que necesitan para poder contraerse con fuerza. Además, este tipo de fatiga suele causar los temidos calambres.

- La Fatiga “por recalentamiento”: Cuando el cuerpo no puede disipar todo el calor que produce, empezará a acumular temperatura. En condiciones de calor, mucha humedad y ausencia de viento el organismo se puede poner a 38 ó 39 grados cuando se monta en bici. Una vez llegados a esta temperatura (entre 39 y 40 grados), el rendimiento disminuye considerablemente para evitar consecuencias fatales. Este tipo de fatiga está muy relacionada con la fatiga por deshidratación, ya que el agua es fundamental para que el cuerpo pueda eliminar el calor que produce cuando pedalea.

- La Fatiga “láctica”: Esta está más relacionada con la intensidad del ejercicio que, con su duración como ocurre con la fatiga energética. Lo que sucede en este caso es que se altera el equilibrio ácido-base de la célula debido a la gran cantidad de ácido láctico que se produce. Esta acidez muscular hace que las células pierdan eficacia, y por tanto, no se pueda pedalear con tanta fuerza. Esta fatiga es fácil de evitar si no se sobrepasa la intensidad equivalente al umbral anaeróbico durante mucho tiempo.

Lo positivo de todas estas fatigas es que sus causas están principalmente “bajo nuestro control”, al menos, en gran medida. En esencia, lo principal es “regular nuestras fuerzas” con una intensidad del ejercicio que podamos mantener y por supuesto, beber y comer!!

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