UN DESEO CUMPLIDO Y UN ÉXITO DE CICLOX

Las etapas se fueron sucediendo unas a otras sin contratiempos, lo que procuraba gran satisfacción y bienestar al contar con una ducha caliente y una cama limpia todos los días al llegar al destino, sin tener que dar vueltas por buscar habitación al finalizar el día.

Habremos hecho un total 1200km, a lo largo de 13 días, con un promedio de 92km diarios. Han sido jornadas tranquilas, visitando los pueblos y rincones a nuestro paso. El Danubio va ensanchando y se ve como aumenta con la desembocadura de sus muchos afluentes. Pero, lo que más nos ha sorprendido del mismo han sido las presas hidroeléctricas, las esclusas para permitir el tráfico fluvial y los niveles de agua pintados en algunas fachadas de hasta dónde ha crecido el río, en años de lluvias e inundaciones, algunas de ellas, de un pasado muy reciente. Sin duda, los ríos españoles son un mero juguete al lado del Danubio.

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Tampoco deja indiferente la espesura de los bosques, auténticas “selvas” con vegetación a todos los niveles, dónde es imposible abrirse paso en la espesura. Y, como no podía ser de otro modo, todo esta bien húmedo y regado con lluvia, casi a diario. Nosotras, afortunadas, sólo nos hemos calado y remojado a placer dos días y, algunos otros ratos en los que, al parar de llover nos secábamos sobre la marcha.

No se puede dejar de hacer mención al campo de concentración de Mauthausen una visita casi obligada con la historia europea más reciente, el cuál se encuentra junto a la ruta. La visita deja una honda huella aunque, también parece que ya hubieras estado antes en él, al reconocer sus espacios, tantas veces vistos en las películas. Nosotras nos estuvimos 3 horas de visita y perdimos la noción del tiempo, dejándonos llevar por el peso de las lamentaciones.

Otro gran atractivo de esta ruta es el paso por las ciudades centroeuropeas de mayor dinamismo y oferta cultural tales como: Regensburgo, antigua villa romana; Passao, con bellos rincones entre tres ríos; Linz, en la vanguardia de la arquitectura moderna; o las espectaculares: Viena y Budapest.

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También aprovechamos el viaje para disfrutar de la gastronomía. Al pasar cada día por ciudades, regiones e incluso países distintos nos dejábamos embaucar por los platos típicos y especialidades del lugar. Lo que sin duda daba lugar a muchos chascarrillos por qué no siempre se era consciente de lo que se pedía y de lo que llegaba a la mesa. Las sorpresas eran de todo tipo y los sabores no siempre resultaban ser de nuestro agrado pero era parte del atractivo, la cuestión es “atreverse” a probar.

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En todo caso, lo que más me gusta de este itinerario europeo es tomar contacto la concepción del espacio urbano, mucho más cerca de las necesidades de las personas. Ciudades concebidas para el bienestar y el disfrute de sus gentes, todas ellas, con grandes parques y dotaciones deportivas. De los que sus ciudadanos disfrutan con sol, lluvia y frío, mientras que, en España, con mucho mejor clima, nos arrugamos en seguida que caen cuatro gotas!! Y, por supuesto, bicis, bicis y más bicis, por todas partes.
A ver si se nos pega algo, de nuestros hermanos europeos y dejamos el coche en casa para movernos de una forma más sana, ecológica y práctica.

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Y, Ciclox, ya prepara su nuevo viaje de cicloturismo para 2015.